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Joanes Etxeberri, Etxeberri Sarakoa

«Historia de la literatura vasca»
Koldo Mitxelena

Minotauro, 1960

 

        Joanes de Etcheberri, natural de Sara y doctor en Medicina a diferencia de su homónimo, doctor en Teología, estudiado en el capítulo anterior, es el autor de una tentativa tan bien razonada como entusiasta para convertir la lengua vasca en el instrumento principal de la enseñanza que podemos llamar secundaria en el País. El éxito no acompañó a su tentativa que fracasó lo mismo que la muy semejante del P. Bidegaray en el siglo anterior. Al menos Etcheberri tuvo la suerte de que sus manuscritos aunque sólo en parte, se conservaran y pudieran ser publicados en nuestros días.

        Nacido en 1668, cursó medicina tras estudiar con los jesuitas en Pau y se estableció en su pueblo natal, donde no permaneció mucho tiempo. Pasa a España y le encontramos en 1716 en Vera, en 1723 en Fuenterrabía y en 1725 en Azcoitia. Muere aquí en 1749.

        En 1728 hizo imprimir en Bavona su Lau-urdiri gomendíozco carta, edo guthuna, carta de presentación dirigida al Biltzar de Labort, con un objeto muy preciso. Etcheberri, persuadido de que la situación inferior del vascuence no era más que la consecuencia de su escaso cultivo literario, había preparado un diccionario cuatrilingüe para que los niños vascos pudiesen aprender latín, francés y español sin salir de su país. Como base de la enseñanza había compuesto unos Rudimentos o Principios para aprender latín. La carta impresa fue llevada al Biltzar junto con los manuscritos por el hijo del autor, Agustín, médico como su padre, a quien éste presentaba como prueba viva del valor de su método. El Biltzar, sin embargo, que sin duda traía entre manos asuntos mucho más importantes a que atender, le negó la ayuda que solicitaba para publicar sus obras. No parece siquiera que hiciese falta un largo debate para llegar a esta decisión.

        Estas han sido publicadas por fortuna a principios de este siglo por J. de Urquijo, quien encontró los manuscritos en el convento de los padres franciscanos de Zarauz. Los Rudimentos (Eskuarazko hatsapenak latin ikhasteko) son una gramática bilingüe para aprender el latín por medio de la lengua materna: los paradigmas latinos se presentan al lado de los vascos y las formas vascas citadas están autorizadas con ejemplos de autores labortanos del siglo anterior.

        El otro escrito, Eskuararen hatsapenak, menos didáctico, es una apología de la lengua vasca: una más, pero que presenta la novedad de no estar escrita en otra lengua. Etcheberri encomia la pureza del idioma que en nada altera lo accidental de los términos de origen extraño en el léxico. Sostiene con una argumentación larga y precisa la necesidad de una lengua literaria unificada frente a la diversidad dialectal y no encuentra guía y modelo que pueda compararse con Axular. La obra termina con un encendido y elocuente llamamiento a la juventud vasca.

        Se ha perdido, en cambio, el manuscrito del Diccionario cuatrilingüe que pudo consultar el padre Larramendi [8].

        Etcheberri es a todas luces, entre los suyos y en su tiempo, una figura excepcional. Frente a tantos vascos de entonces, celosamente enamorados de su lengua, que esperaban por lo visto que ésta produjera frutos depurados sin el menor cultivo, Etcheberri, vox clamantis in deserts, se nos presenta como la imagen del más estricto sentido común. Su preocupación por la enseñanza parece también más propia de tiempos más cercanos a nosotros. El autor se ajusta en la práctica a las doctrinas que expone: su lenguaje y estilo se acercan en lo posible a los de Axular. Es un buen expositor y un razonador claro, si no un artista del lenguaje; abundantes citas muestran su familiaridad con los autores sagrados y profanos. Merece señalarse que, a pesar de su condición de médico, escasean o faltan en absoluto en su extensa obra los indicios de afición a las ciencias lo que contrasta con la ciega devoción a las letras que impregnan todos sus escritos. Evidentemente tenía mucho más de humanista que de naturalista.

        En un plano más modesto, el libro de H. Harriet, notario real, titulado Gramatica escuaraz eta francesez (1741), compuesta para los vascos que deseaban aprender el francés, ha nacido sin duda de la misma inquietud. Es clara y sencilla y va seguida de dos vocabularios, vasco-francés y francés-vasco. Según su propósito expreso, lo publicado no es más que la primera parte de una obra en cuatro volúmenes iguales. Al aparecer el primer tomo, el segundo estaba ya escrito, el tercero casi acabado e incluso llevaba ya muy adelantada la redacción del cuarto. No se halla rastro de ellos, como tampoco de la gramática vasco-castellana y de la traducción de los Usos y Costumbres de Labort que también anunció.

 

[8] Vid. J. de Urquijo, RIEV 25 (1934), 605 ss.

 

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